A veces
entre el zumbido del ventilador
y los ronquidos del perro
se cuela un susurro de tristeza
y se vacía,
cucharada de pena,
sobre mi alma.
Caen las gotas como lluvia
o mejor, aceite,
encendiéndome un fuego callado
detrás de los ojos.
Lloro por los niños doloridos
por este globo cada vez más roto
por las cicatrices y por las mentiras
por los arpones y por las migrañas
Ya agotado el lamento
me torno a Ti
misterio grande y entrañable
Y en un vuelo de párpados o pájaros
me deslizo al mundo
donde se barajan los sueños.
Tuesday, December 8, 2009
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